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Camellia japonica

Camellia japonica
Camellia japonica

La Camellia japonica, cuyo nombre más común es “Camelia japonesa”, es una espectacular planta con flores que pertenece a la familia de las teáceas. Como su nombre lo indica, es nativa de Japón y de algunas zonas de Corea e, incluso, en China. Se distribuyó rápidamente por todo el mundo tras los primeros contactos con los japoneses; se dice que fueron los británicos los primeros en exportar la planta a Europa, donde por más de un siglo permaneció como planta exclusiva de la familia real.

Hoy en día, existen más de 2000 cultivares distintos de camelias japonesas. Sus hermosas flores de color y buen tamaño, así como su porte de buenas dimensiones, la hacen una planta perfecta para los jardines grandes.

Se estima que el cultivo de las camelias empezó en China hace más de 5000 años, siendo posteriormente cultivadas en gran medida en Japón. De allí se formaron principalmente la mayoría de las variedades. Cabe destacar que, con sus hojas, se realiza un té muy apreciado por los japoneses, por eso ha sido ampliamente cultivada desde la antigüedad.

Detalles de la Camellia japonica

Detalles de la Camellia japonica
Detalles de la Camellia japonica

 

Su tamaño es muy variable, ya que pueden ser arbustos pequeños de 1,5 metros a árboles que, en casos excepcionales, superan los 11 metros de altura, Tiene unas ramas con corteza de color marrón levemente grisáceo cuando son jóvenes que, al madurar, se vuelven levemente purpuras y son glabras. El pecíolo de las hojas mide hasta 1 centímetro de largo y pueden presentar pubescencias o no. En cambio, las hojas son de forma elíptica u oblonga- elípticas con hasta 12 centímetros de largo y 7 centímetros de ancho; siendo coriáceas con el envés más pálido que el haz.

Sus llamativas flores son axilares o subterminales, que pueden crecer tanto solitarias o en pares, dependiendo de la variedad cultivada. El diámetro de las mismas puede variar entre los 6 y 10 centímetros de diámetros. El número usual de pétalos ronda los 6; sin embargo, algunos cultivares de camelia japonesa desarrollan el doble o triple de los pétalos usuales. Estos pétalos son de color rojo, rosa o blanco en ejemplares silvestres, pero algunas cultivadas pueden ser moteadas o de tonalidades diferentes.

En lo que respecta a la polinización, lo común es que sea realizada por abejas, avispas u otros insectos similares, y, tras ser efectuada, se generan los frutos capsulares con hasta 4,5 centímetros de diámetro. En su interior, el fruto contiene varias semillas marrones que son globosas y con hasta 2 centímetros de diámetro.

Propagación de la Camellia japonica

Es posible plantarla por semillas, no obstante, tardan en germinar y su porcentaje de germinación es variable. De igual manera, esto genera una gran cantidad de posibles resultados por lo que es poco aconsejable.

Ahora bien, la mayoría de las camelias se propagan por estacas, pues no suele presentar dificultad para generar raíces. Para ello se cortan las ramas y se siembran en sustrato húmedo y abonado lejos del sol directo. Finalmente, el injerto es otra opción muy recomendable.

Cuidados de la Camellia japonica

Cuidados de la Camellia japonica
Cuidados de la Camellia japonica

 

Si optamos por adquirir una planta de camelia japonesa hay que considerar una serie de medidas, a fin de que la planta cuente con todos los recursos para su crecimiento y su posterior floración. Por ende, si cumplimos con las siguientes condiciones, tendremos un ejemplar de camelia que nos aportará su máxima belleza y esplendor:

  • En primer lugar, es muy tolerante ante la variación de la iluminación. Lo más usual es que se le plante con algo de sombra, en especial en aquellos lugares de clima cálido. Cabe resaltar que, las variedades de flor blanca prefieren menor exposición solar que aquellas de flores teñidas.
  • Requiere de mucho espacio, así que debemos conocer que no es muy adecuada para macetas, salvo que sean de grandes dimensiones y, en ese caso, tendremos una planta de pequeña talla. A veces se le cultiva como bonsái.
  • Tenemos que tener en cuenta que, aunque acepte la mayoría de los suelos, aquellos calizos o con contenido de cal le perjudican mucho. Mientras más ácidos sean los suelos mejor. Si habitamos en zonas con suelos calcáreos hay que asegurarse que esté en una maceta con mucho abono a base de turba y materia orgánica. En esos casos, es mejor no emplear el agua doméstica si no la de lluvia para su riego.
  • El riego debe ser moderado, puesto que aguanta bien la sequía.
  • Soporta un amplio rango de temperaturas, incluyendo las nevadas, ya que es una planta perenne. Sin embargo, su tronco puede romperse ante los vientos fuertes, por lo que habrá que tomar la precaución de protegerla.

 

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